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Arroz en el tímpano

Arroz en el tímpano
En mi familia todo nos cae en los oídos. Con dos añitos, mi hermano llegó un día diciendo que una punta de lápiz se le había caído en el oído izquierdo. Mi madre y yo, una blandiendo una pinza de depilar y la otra una pequeña linterna, intentamos extraer aquel cuerpo que había osado lanzarse al interior de su oído medio. No hubo suerte. Y no fue aquella la única vez, sino...

Destete

Podría cogerte en brazos y susurrarte que eres el niño más precioso. Sonreirías, así como haces tú, mientras te leo sobre Pinocho, levantando la vista como si comprendieras cada palabra, pidiéndome dormir conmigo -qué importaría- tu mano descansando en mi pecho mientras leo que una jirafa enamora al cocodrilo, otros juzgando la educación que te doy, mi aversión a silencios...

Algo menos cada día

Algo menos cada día
Algo menos cada día es lo que sabemos los unos de los otros. Apenas unos milímetros es la longitud de ese algo. Algo menos que al ser tan poco, no llega a alarmarte. Algo tan nimio, tan poca cosa, que para qué preocuparse. Cuando lo conocí le gustaba viajar, me decía una amiga. Cuando lo conocí nos compartíamos. Y viajábamos. Viajábamos juntos, incluso en el sofá...

El corsé y la niña

El corsé y la niña
Yo estuve dos años encerrada tras cuatro bisagras a la espalda con tornillos de acero como cuatro barrotes de hierro. Prácticamente presa. Y durante un año dormí colgada con un saco de arena que tras la polea me tiraba del cuello, mientras unas correas marrones me ataban la cintura. Me lo dijeron a pocos días del viaje de fin de curso en tercero de BUP. Eso dijeron: Un corsé, de...

Hay verbos transitivos que se convierten...

Le suplico al piloto que deje de hacer piruetas. No me gusta estar boca abajo, no me gusta, Deja de querer pintar en el cielo conmigo dentro, mamarracho, le digo. Luego suplico, Por favor, por favor, que yo sólo quería ir de viaje. Mi orgullo se clava de rodillas. Pero el piloto tiene cara de disfrute y pone ojillos de estar pensando en algo o en alguien que no está subido en el...

Escaparates de Santiago

Escaparates de Santiago
Tras la noche de amor, despertó envuelta en pintadas, su piel escrita con gritos ajenos. Bajó la mirada hacia sus pezones, ahora granates. "Eres muy divertida e inteligente para ser una chica", le había dicho. Ella lo miró como enamorada y entonces, por toda respuesta, él le pidió: "Ahora sírveme. Tengo hambre". Pero como ella no supo, le arrancó los brazos.

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