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Poética de la brevedad

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Un buen cuento es como el primer beso: revelador, intenso, breve. Es rozar por primera vez unos labios que no son tuyos y sentirlos ajenos y propios al mismo tiempo. Es esa certeza que ofrece la proximidad de todo fin, sin otra opción que el abandono entre sus manos. Es la Epifanía que no habrá quien la repita, la dibuje, la recuerde, más allá de esos labios, más allá de esa lengua que invadió sin pedir permiso, y que sin remedio te cambió para siempre. Esa revelación que te hará mirar el mundo con otros ojos, no importa los años que pasen, no importa los besos que beses.
El primer beso es como una mentira que habla de siete grandes verdades, o quizás de todas las verdades del mundo. Nunca sale uno bien airado al intentar describirlas. No describas el beso. No adjetives el beso. Solo besa el beso.

Al primer beso le trae sin cuidado que todos hablen de la supremacía del amor, o del sexo, como un género superior. El cuento se recrea en los detalles siendo ahí donde todo comienza y donde todo termina. Un cuento (y un beso) es como una fotografía. Incisivo, sin cuartel, mordiente.

Cuando besas, el tiempo no es tu aliado. Los únicos recursos indiscutibles son la intensidad y la pasión. No hay tregua posible.

El primer beso quiebra sus propios límites con una explosión de vida que ilumina los besos que están por venir, al igual que un buen cuento trasciende la anécdota que cuenta y nos ilumina proponiendo una ruptura con lo cotidiano. Besos y cuentos que no se pueden olvidar se propagan por la piel y la anécdota. Son pura vida que no requieren esfuerzo alguno para ser recordados.
En el primer beso, al igual que en el buen cuento, no bastan las buenas intenciones. Hay que hacer explotar esa conmoción, aislando a los amantes -al lector- de todo cuanto los rodea. Porque solo existe la realidad del beso y para el beso, del cuento y para el cuento. Únicamente se permiten las ganas de seguir besando, a veces mordiendo, a veces apenas rozando, acompasando la intensidad y la tensión de forma de solo y únicamente exista el cuento, el primer beso, y todo aquello que lo hace inolvidable y único.

DECÁLOGO

• Un cuento es una gran mentira que encubre una gran verdad. Cuanto más breve sea el cuento, más rica tendrá que ser la verdad que esconde.
• Todo cuento contiene dos historias: la primera corresponde a la ficción (la mentira) que es visible; la segunda (la verdad) es la historia oculta.
• Desvela, con mesura y contundencia, la segunda historia secreta, teniendo en cuenta que lo no dicho es a veces más revelador que lo dicho.
• Un cuento trata de un único tema, con un único protagonista y un conflicto.
• Todo cuento es la historia de un deseo que finaliza con un cambio.
• Una historia debe comenzar con una promesa que el lector morirá de ganas por ver cumplida.
• Pon en boca de los personajes lo que solo ellos dirían.
• Un buen cuento es una confesión al oído del lector que suspende la percepción del tiempo. Es una confesión que a menudo avergüenza al autor, porque las verdades que esconde suelen ser bochornosas, excesivas, íntimas.
• Escribe con todo el cuerpo. Cuando acabes: corrige, corrige y corrige.
• Un cuento es como el primer beso: puede ser bueno o malo. Por eso es fundamental recordar que luego -siempre, toda la vida- hay que seguir besando.

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