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Claroscuros

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A veces nuestra piel se encuentra más cómoda contando miserias que alegrías. Me rebanan un cuarto del pecho, la orfandad de lo que más quiero, o el desamor, o sufro una depresión y lo escribo, me exorcizo, lo saco fuera y lo cuento sin culpas.

Fotografía: Antonio J. Becerra

Me ocurre algo bueno y entonces no, entonces lo maduro, la fruta se agrieta y se corrompe, lo medito hasta el aburrimiento, siempre con el temor de no herir a los que se sienten infelices, a los que no pueden, o no quieren, siempre con la zozobra de no alardear de lo demasiado bueno, de lo demasiado blando, lo demasiado dulce que pueda sucederme. Porque -además- lo bueno siempre precede a lo malo, eso nos enseñaron desde bien chiquitos, no alardees, niña, no presumas, sé humilde, que si no la vida se mosquea y ya se sabe. Somos yonquis del pensamiento binario.

Eso pensaba anoche al mirar alguna fotito de mis vacaciones. Qué de escándalo es viajar con los tuyos, qué afortunados que somos, claro que sí.

4.500 kilómetros. Tres países y una veintena de ciudades. Decenas de bocatas sentados en poyetes de Europa a cuarenta grados. Excepto en Venecia, que está prohibido sentarse en el suelo.
El día que acabo mis vacaciones recibo una llamada con una buenísima noticia. Lo primero que pienso es que no sé cómo sentirme. Busco una palabra, pero ya alguien dijo que el lenguaje se inventó para nombrar lo ausente y mis sentimientos son ahora mismo pura presencia. Tiemblo mitad por incredulidad, mitad porque no quiero cabrear a la vida, aunque miradas terribles de las que supuran me ha dedicado unas cuantas en los últimos dos años. La vida, sí.

Me he puesto de perfil unos días, como en la foto, con la belleza de San Marcos al fondo, hasta que he podido contarlo y compartirlo con toda la gente que sé que se alegra de lo bueno que le pasa a una. Me acuerdo de los versos de Rilke: «La belleza no es más que ese grado de lo terrible que todavía podemos soportar».

Y entonces sí que me haré una foto de frente. Una foto que tenga pocas oscuridades y muchas arrugas, cicatrices e imperfecciones. A pesar de todo, 2022 puede ser un año cojonudo, ya os lo digo. 🎊🎊🎊

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2 Responses to “Claroscuros”

  1. ¡Hola Xenia! Acabo de leerte, aunque tú sabes que voy siguiendo tu rastro a través de las redes, pero no es igual. Parece como si el blog fuese más íntimo ¿verdad? Tanto es así que después de ver esa fotografía tuya tan guapísima y sonriente, ahora ve que te han otorgado el premio a los mejores cuentos con «Cárceles de azúcar». Te he seguido por esos países y hace poco he vuelto a ver ese vídeo de cuando «El trigo que cae» y pensé… el tiempo si que cae.
    Pero ahora, al leerte, solo puedo decir que espero que sí, que el 2022 sea cojonudo en el mejor sentido, y no en el otro. Que sí, que puedas madurar muchas buenas noticias y no tengas necesidad de hacer explotar las malas.
    Un beso muy fuerte preciosa :D

  2. Xenia García dice:

    ¡Hola Margarita! Gracias por pasarte por mi rinconcito. Lo tenía abandonado últimamente. Al final las redes nos roban más tiempo del que pensamos, así que vuelvo de tanto en tanto.

    Gracias por los buenos deseos. También yo te sigo y me alegro muchísimo de todos tus pasos y logros. Echo de menos aquellas tarde-noches hablando de cuentos, literatura y vida.

    Un beso enorme y espero verte pronto.

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