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El largo de mi falda

El largo de mi falda
La primera vez que me piropearon me produjo sonrojo. No le di más importancia, creo, hasta que llegó el segundo halago en plena calle. Claro que entonces ya no brillaba el sol y yo iba sola. Así que sentí también por primera vez un hormigueo en el estómago que me advirtió de que era mejor no mirar, no responder o no sonreír. No fuera que aquellos dos chavales se sintieran con...