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La música de mi infancia

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La música de mi infancia

Sonidos y aromas de nuestra niñez se asocian y ocupan un lugar privilegiado en nuestros recuerdos. Pero quedaron ahí olvidados. O quizás los enterramos y los maltratamos por las prisas, las responsabilidades, los cambios constantes.

En estos tiempos sometidos y subyugados por la imagen, el sonido se pierde tímidamente. Recuperarlos no tiene precio. ¿Quién atrapa ya los susurros?

Somos sordos por imposición, deslumbrados por movimientos imposibles, colores impronunciables, brillos de neón prometidos. Y esa sordera, a veces, también nos hace ciegos.

¿Recuerdas la música de tu niñez?

Yo he tenido el privilegio de encontrar una cinta y digitalizarla (bueno, yo no. Mi marido ^_^). De ponerle sonidos a algunas etapas lejanas de mi vida. De confirmar, como muchos intuimos, que no es cierto esa canción mil veces repetida de “Eso en mis tiempos no pasaba”. De tener la certeza de que casi todo se repite. De que enseñamos como nos enseñaron. De que es más fácil dar amor cuando lo hemos recibido.

De que todos los momentos tuvieron su canción de cuna.

Estos son algunos de los míos.

 

@XeniaGD

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2 Responses to “La música de mi infancia”

  1. Ricardo Rull dice:

    Yo recuerdo la música de unos dibujos animados que se llamaban “Meteoro”. Por lo demás, ni sonidos, ni imágenes, ni olores… Es como si desde siempre hubiera sido calvo y canoso, y me hubiera sentido cansado, muy cansado.

    • Xenia García dice:

      Me gusta verte por aquí. Hace unos días pensé que echaba de menos tus comentarios a mis posts. Ya ves.

      Yo tampoco tengo muchos recuerdos de mi infancia. Por eso cuando encuentro estos tesoros me pongo tan contenta. Creo que es una mezcla de mala memoria y de matar al niño que todos tenemos dentro.

      Hace unos años, después de pasar un periodo duro, me dijeron que parecía que nunca había sido niña. Así que -además de entristecerme- me propuse recuperar esa sensación de libertad, felicidad y gracilidad que sólo los niños tienen. Aunque resultara un tanto baladí. Y volví a montar en bicicleta :-)

      Un abrazo, amigo.

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